Recopilación de armas reales usadas entre los años 1500 y 1640:

Lanzas, alabardas y garfios tanto de ataque como de ayuda a escalar

Fukidake: Un largo tubo de bambú de 6′, que se descompone fácilmente en varias secciones más pequeñas para facilitar su ocultación. Su daño es despreciable, pero normalmente se envenenan los dardos. Su alcance es de 30 metros

 

El Jutte

 by bushidojo

El jutte o jitte cuyo nombre en japonés significa literalmente "diez manos" es un arma tradicional japonesa. Según el Maestro Nakayama su nombre se debería a su efectividad. Para otros expertos, como el maestro Kanawaza, el nombre tendría su origen en que puede ser usado de hasta diez formas diferentes. En todo caso, es un arma especializada usada sobre todo por los okapiki o doshin (agentes de policía) durante el Período Edo (1603-1868), un perído de estabilidad y relativa paz.

 

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Jutte o Jitte

A pesar de la relativa paz establecida por el shogunato Tokugawa, los agentes de policía a menudo se enfrentaban a numerosos desafíos a su autoridad y tuvieron que desarrollar rápidamente nuevos instrumentos y métodos para dominar, y detener delincuentes. En Edo, la competencia era feroz. Con el aumento de las interacciones entre las distintas clases, el hacinamiento y una rápida expansión del medio ambiente urbano, no es de extrañar que a menudo produjeran conflictos donde debía intervenir la policía samurai. Con una población armada, con frecuencia los desacuerdos menores se convertían en graves reyertas.
Para mantener el control, los agentes de policía desarrollaron métodos para utilizarlos contra los alborotadores, que estaban armados y muy a menudo desesperados. Estos incluyen artículos tales como el jutte, básicamente, una porra de hierro con un saliente o uña que sobresale de su empuñadura.

El jutte mide alrededor de 45 cm de largo, sin bordes cortantes y con un saliente o uña (kagi) de unos 5 cm que empieza en la protección de la empuñadura, y aunque existe la creencia de que el jutte fue específicamente diseñado para contrarrestar la hoja de una espada u otras armas de filo, enganchando la hoja con el Kagi para redirigirla e incluso quebrarla, y aunque eso es técnicamente posible, en realidad su uso más habitual por parte de la policía feudal japonesa era enganchar la ropa del agresor para dominarlo así como trabajar sobre puntos sensibles como los dedos, la boca o la nariz, causando tremendo dolor pero sin derramamiento de sangre.

Hatsumi Sensei afirma que para poder trabajar correctamente el Jutte es necesario poseer un buen taijutsu y dominar el Juppo Sessho. En el video de Jutte de Sensei, tenemos múltiples aplicaciones de control, golpeo etc realizadas con esta "sencilla" arma, aplicaciones del jutte dentro de técnicas de diferentes escuelas y solo alguna muestra contra ken, las conocidas waza de Juppo Sessho (Rakka, Mizutori, etc).

Aunque se desconoce el verdadero origen del jutte, tradicionalmente se considera que la forma original del mismo fue creada por el legendario fabricante de espadas Masamune aunque hay versiones que indican que fue su padre, Munshinai, quién la creó. El diseño, por su similitud, aparentemente deriva del Sai de Okinawa, sin embargo hay evidencias de que su existencia es previa y que la influencia pudo ser a la inversa.

 

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Pareja de Sais

Finalmente, el jutte también llegó a ser considerado como un símbolo oficial de estatus.
Existieron muchos estilos de Jutte con diferentes apariencias. Las longitudes y los materiales son tan variados como los accesorios decorativos. Algunos son simples barras de hierro forjado. Otros jutte tienen muchos detalles e incluyen intrincados diseños y decoraciones. En este último caso, el jutte puede incluir tsuba (guardia de mano) que parecen casi idénticos a los utilizados para la espada samurai. Un jutte también puede incorporar el oro u otros metales preciosos utilizados en la decoración. Estos juttes altamente decorados tenían probablemente un carácter simbólico y no estaban destinados a ser utilizados como una verdadera arma de defensa. En este caso, el diseño del jutte tenía la intención de impresionar a los demás y no es necesariamente funcional. Los muy diferentes estilos puede deberse a la doble finalidad del jutte, como arma de defensa y como una insignia simbólica del cargo o rango del portador.

 

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Jutte samurai original de época montado con koshirae

Con frecuencia, asistentes del agente de policía también tenían su propio jutte para servicio extraordinario, como la captura de un delincuente peligroso, o para reconocer su relativa condición de jefes de grupo a los jefes de aldea. Además de los policías japoneses, otros altos samurai también tenían el jutte como insignia de sus funciones específicas. Por ejemplo, la aratame, o inspectores oficiales, también usaban el jutte para fines de identificación. También los yado aratame (inspectores de hoteles y posadas), kome aratame (inspectores de arroz), y sakoku aratame (inspectores de cereales y otros granos), entre otros. Para toda esta gente era bastante improbable el uso del jutte para autodefensa.
A principios del decenio de 1960 la policía japonesa adoptó una especie de versión moderna del jutte llamado tokushu keibo, muy similar a la porra extensible (ASP).
La policía japonesa ha desarrollado una serie de técnicas para el desarme y la restricción sospechosos utilizando la tokushu keibo, similares a las técnicas de jutte.

 

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tokushukeibo

El Jutte sigue siendo un arma muy utilizada por las escuelas tradicionales de artes marciales de Japón. En la Bujinkan está básicamente ligado a las escuelas Kukishinden Ryu y Takagi Yoshin Ryu.

ADEMAS

Jutte 十手 (spanish-english)
La palabra Jutte十手, esta compuesta por dos ideogramas. El primer ideograma “Ju”十, significa “diez”, y el segundo ideograma “te” 手, significa “manos”. Entonces, literalmente, Jutte, significa diez manos. 
Este nombre tiene su raíz en la enseñanza Budista Shingon que dice: "Satoru ga yue ni Juppo wa ku nari" (悟る が 故に 十方 は 空 なり), y esto significa "En la iluminación, las diez direcciones están vacías." Las diez direcciones, se refiere a los ocho puntos cardinales más dos que corresponden al Cielo y la Tierra, o arriba y abajo. Esto se puede interpretar como "lograr el dominio moviéndose libremente contra ataques desde cualquier dirección."
El jutte era principalmente un arma para hacer arrestos . Así, la idea principal o el sentimiento detrás de la utilización que se llama "Kanzen-choaku" (勧 善 惩 悪) que significa recompensar a los buenos y castigar el mal. 
En esencia, la protección del bien, mientras que llevar a los criminales ante la justicia...

Breve Historia de la Katana y las Espadas Japonesas – parte I de II

30112012

LA APARICIÓN DE LAS PRIMERAS ESPADAS

La forma de la espada japonesa, tal y como la conocemos hoy en día, proviene de modelos muy antiguos  aparecidos tanto en el continente asiático como en el propio Japón, fabricados primero en bronce y luego en hierro. Las primeras hojas datan del 700 d. C. y se caracterizan por ser espadas perfectamente rectas en su parte trasera y con un solo filo, fundidas en una sola pieza desde la empuñadura hasta la punta. La dimensión de las mismas es muy variable, y oscila entre los 33,15 cm. de las espadas más cortas hasta los 90 cm. de los modelos más grandes. Las espadas halladas durante dicha época se encuentran, aspecto este muy destacable, bajo dólmenes erigidos durante la época prehistórica (Jomon), lo que evidencia el importante valor ritual de las armas.-

Desde el punto de vista arqueológico, puede concluirse que la espada constituía parte del ajuar funerario del finado, generalmente noble y con importante posición en la tribu, como expresión de una cultura panimista (en la que el fallecido accedía a un plano de existencia superior donde precisaría de sus armas y objetos más preciados). A estas primeras espadas rectas se las denomina chokuto y constituyen la forma más primitiva dentro del estadio evolutivo del arma.

Como ocurre con todos los aspectos de la cultura japonesa antigua, China proyecta su sombra sobre la espada japonesa. El ejemplo más evidente se encuentra en el nombre mismo de las armas, dado que numerosos investigadores sostienen que los ideogramas chinos chien (espada de doble filo) y tao (cuchillo de un solo filo) son las raíces semánticas y fonéticas de los kanjis japoneses ken y to. A partir de aquí surgieron, de un lado, el término katana (1), expresivo del modelo estándar de espada japonesa y, de otro, el término to-ken, referido a la espada en sentido genérico y abstracto.

De forma paralela, las espadas de un solo filo incorporaron muchos de los detalles ornamentales de los modelos imperantes en Corea y China, como muestra de la influencia de estos países en la fabricación de espadas. Esta influencia se hace especialmente patente durante los siglos V y VI d.C, en los que se producen continuos enfrentamientos militares entre Corea y Japón (especialmente intensos por el enfrentamiento que involucraba al  clan Soga, con intereses territoriales en Corea, frente a los clanes Mononobe y Nakatomi).

El primer cambio importante se produce durante el periodo Nara (710-784) durante el cual la propagación del budismo (2) en las islas supone la aparición de espadas rectas de doble filo rematadas con adornos que se parecían mucho a las espadas rituales prebudistas utilizadas en las ceremonias religiosas del Norte de la India, Nepal y Tíbet.  A partir de este momento la espada adopta estas características, no sólo por el doble filo, sino también por una voluminosa y decorada empuñadora; cabe plantear la duda sobre la utilidad de un modelo poco ergonómico e incluso aparatoso en su aspecto exterior, aunque los modelos que se conservan forman parte de conjuntos histórico-artísticos propios de clases altas (con más valor simbólico que militar).

Parece que hubo un intervalo en la evolución de la ken recta durante el cual su único filo dio lugar a la fabricación de otra de doble filo. A su vez, el arma recta de doble filo con punta en forma de corazón (hecha de bronce o hierro) sufrió un cambio gradual en su forma y en su material a mediados del periodo de Heian (794-1156), hasta que se convirtió en la espada curva de un solo filo y forjada en acero.

DESARROLLO Y EVOLUCIÓN DE LA KATANA

La aparición de la espada con el característico estilo japonés surgió por mor de dos circunstancias determinantes: en primer lugar, la espada cobraba cada vez mayor importancia como arma de guerra frente a las armaduras de los adversarios; en segundo lugar, se produce un traslado de la capital imperial desde Nara a Heian-Kyo (actual Kyoto) en el año 794 d.C. Esta última circunstancia dotó al Imperio de suficiente estabilidad durante un siglo, suficiente como para que los maestros espaderos pudieran desarrollar su técnica y proporcionaran las primeras espadas genuinamente japonesas.

Según la leyenda, el espadero Amakuni, contemporáneo del Emperador Mommu, inventó la katana o espada sencilla a partir de la división en dos de la antigua ken. La efectividad de estas primeras katanas fue decisiva para dotar de armamento de calidad a los diferentes clanes existentes. No debe por ello resultarnos extraño que en los siguientes siglos se sucedieran encarnizadas guerras entre la aristocracia militar y las familias de ascendencia imperial.

Es a partir de la Era Kamakura (a mediados del siglo XII d. C) cuando se puede hablar de la katana propiamente dicha y cuando el arte de la fabricación de espadas cobra mayor importancia para la clase militar o buke (3). Cobró ésta tanta importancia que el Emperador Gotoba (1184-98 d.C.) forjaba sus propias espadas. Precisamente se atribuye a este emperador el haber dado gran ímpetu a la forja de espadas reuniendo en Kyoto a doce herreros de las distintas provincias elegidos por su excepcional habilidad, donde cada uno trabajaba para el emperador durante un mes al año. Había otros espaderos de reserva en caso de que alguno no pudiera cumplir con su deber en la corte y otro grupo de veinticuatro herreros que también estaban a su servicio cada dos meses. Este ingenioso sistema se completaba con un tercer grupo de seis herreros de la provincia de Oki que también hacían espadas para el emperador.

Los siglos XII y XIII (aproximadamente hasta el 1400) se consideran como las grandes épocas  de los herreros japoneses. Durante estas centurias destacan una serie de familias cuya notoriedad resulta más que destacable: los herreros de la provincia de Bizen (Kanehira, Sukehira y Takahira), los de Kyoto (Yoshiie, Arikuni, Kanegana) y, como no, los denominados “tres fabricantes maestros”: Masamune, Yoshimitsu y Yoshihiro.-

La evolución de la katana, consolidada como modelo normal de espada japonesa, se produce a través del perfeccionamiento de las técnicas de forjado y templado de la hoja, lo que conlleva una alta especialización de los herreros y la producción de extraordinarias hojas. La excepcionalidad de las hojas que atesoran estos espaderos ha hecho que incluso entre los especialistas se produzca la división de las espadas entre Etapa Koto (espadas antiguas, aquellas que se comprenden entre el año 700 y 1596, fecha en que finaliza el período Momoyama) y Etapa Shinto (espadas nuevas, fabricadas entre 1596 y 1780).

A partir del siglo s.XIV se desarrollan sin solución de continuidad una serie de guerras que romperán esta época de esplendor. A las dos invasiones de los mongoles  deben unirse la guerra de Genko, la sangrienta guerra civil del Período Nambochuko (4), las guerras de Onin y el período Sengoku Jidai (5). El permanente clima de guerra civil incidió en un progresivo deterioro de la técnica herrera, puesto que los dirigentes militares exigían un mayor número de unidades en detrimento de su calidad. Aparecen entonces espadas largas de gran tamaño (uchi-gatana) y en la que se por primera vez se utilizan materiales ajenos al acero de alta calidad (combinaciones de hierro y acero,  por ejemplo).

Por si esto no fuera suficiente, la sede imperial se trasladó de Kyoto a Kamakura, con lo que se desperdigó la rica tradición espadera reunida algunos siglos antes. Así, durante esta época lo habitual era la producción de numerosas espadas cortas, dagas y estiletes (especialmente kodachi y tanto) cuyo fin primordial es imitar a las espadas largas y dotar al propietario de armas auxiliares de defensa personal. Igualmente, se produce una variación en la longitud de las espadas que da lugar a una tipología amplia de las armas blancas pero alejada de los estándares tradicionales. Este último aspecto no sólo afecta a la pérdida de calidad de las espadas largas, sino que también amplía el catálogo de armas blancas hasta configurarlo tal y como lo conocemos en la actualidad.

La batalla de Sekigahara supone la instauración del Shogunado Tokugawa (1600-1867). Se trata de un período más tranquilo militarmente hablando pero con relativas tensiones internas (limitación del poder de los clanes militares, difusión de las armas de fuego, expulsión de los ciudadanos extranjeros, períodos prolongados de hambruna) que no propician  sino la degradación militar del arte espadero. Los especialistas hablan por ello de la Etapa de las Espadas novísimas (Shinshinto) que se extiende entre los años 1781 y 1886. Se trata de unidades que, sin aportar novedades significativas con respecto a la etapa Shinto, se caracterizan por un extravagante sistema de templado en el diseño de la hoja. El efecto final que se pretende es la obtención de una hoja más brillante pero de inferior calidad. Queda patente entonces que el destino de las grandes hojas no es ya el campo de batalla, sino formar parte de los uniformes de gala y los expositores de los primeros coleccionistas.

Continuará…..

NOTAS

(1) A pesar de que es el término más conocido para designar una espada en Japón, existen otros términos acuñados con anterioridad pero de uso poco extendido, como tsurugi o hojiu.-

(2) El budismo no fue introducido, sino más bien patrocinado por el clan Soga en el año 552 d.C. La derrota del clan Mononobe por parte de Soga supuso la adopción del budismo como religión oficial de Japón en el año 594 d.C.

(3) Minamoto Yorimoto (tai-shogun) fundó el Shogunado Kamakura (año 1192 d.C.) tras la aplastante victoria de su clan sobre el clan Taira en la guerra de Gempei (1159-60 d.C.). El clan Taira, máximo exponente de la aristocracia militar en aquella época, se aprovechó el potencial bélico de estas nuevas armas  para tomar el control del gobierno civil (ostentado por los nobles de la corte o kuge) en el año 1156 d.C. e instaurar el período Rokuhara.

(4) Se conoce como tal (1336-1392) al período durante el cual la usurpación del trono imperial y la consiguiente huida del Emperador Go-Daigo produjo una división de la corte en la sede imperial norte (Kyoto) y la sede imperial sur (Yoshino).-

(5) Literalmente, Período del País en Guerra (1568-1600).

 

 

Breve Historia de la Katana y las Espadas Japonesas – parte II de II

4122012

LA ESPADA JAPONESA EN LA ERA CONTEMPORÁNEA

A finales del siglo XIX la introducción de la cultura occidental en Japón resultaba imparable.  Debe señalarse que las grandes contribuciones de la dinastía Tokugawa son la cohesión social de la sociedad japonesa durante un periodo de relativa paz, así como un notable impulso del movimiento nacionalista en la literatura e historia local. Sin embargo, estos fueron los elementos determinantes en la reivindicación por un número cada vez mayor de japoneses de la restauración del poder imperial y la abolición del shogunado. Los importantes disturbios ocasionados por los “motines del arroz” (1837) o la amenaza del Almirante norteamericano M.C. Perrin de bombardear Edo (Tokyo) si Japón no abría su comercio a Occidente no fueron sino los detonantes que aceleraron el derrumbamiento de una estructura feudal; estos cambios supusieron la apertura de los puertos a los barcos extranjeros y provocaron la destrucción del poder de los señores feudales (daimyo).

La creciente debilidad del sistema instó al último shogun, Tokugawa Yoshinobu, a dimitir (año 1867) y devolver el poder absoluto de la Nación a manos del Emperador (Tenno). Se produce entonces la Restauración o Período Meiji (1868-1912) cuya principal consecuencia es la creciente modernización del país y la apertura a Occidente. El conjunto de reformas previstas cristalizó finalmente en la promulgación de la Constitución Meiji (1889) que convirtió al Japón en una Monarquía Constitucional. Este texto suponía un revulsivo para las arcaicas estructuras sociales todavía ancladas en la época feudal. En lo militar, por ejemplo, se produjo una reorganización de las Fuerzas Armadas, en cuya comandancia en jefe se situaba el Emperador Meiji a través de un sistema de jerarquías y mandos de gran similitud con las potencias occidentales.

La situación de las armas y de los espaderos fue sustancialmente diferente. La decadencia de la casta militar y los constantes disturbios civiles afectaron notablemente a la visión por parte de la ciudadanía de estas antiguas disciplinas. La casta de los buke sufrió una separación cada vez mayor entre los líderes de alto rango y sus subordinados; esto hacía inviable que un guerrero medio pudiera acceder a puestos superiores en la jerarquía del clan, accesibles sólo a unos pocos privilegiados (kuge) miembros de la corte imperial.

Las luchas internas, las camarillas y los grupos de poder dentro de la corte fomentaron una cultura de constante tensión en la que los subordinados corrían con la peor parte. A lo largo de los siglos XVIII y XIX los samurai se debatían entre el respeto y el odio de aquellos que padecían sus acciones. Se hacía cada vez más evidente la precaria posición de estos guerreros como meros peones, como instrumentos brutales de poder manipulados por unos amos despóticos y ambiciosos. Con el paso de los años la posición del samurai se fue desprestigiando cada vez más, dando paso a un grave problema social.

En efecto, una de las consecuencias de la Era Tokugawa fue la disolución de muchos feudos y la férrea centralización del poder en Edo. Dada la peculiar estructura social japonesa en aquella época, todo samurai o bushi que perdía a su amo (militar o políticamente, por cuestión de guerra o de honor) adquiría automáticamente la condición de ronin. Las crónicas de la época llegaron a censar alrededor de 400.000 ronin de toda clase y condición, “una siniestra figura de terror” de guerreros que debían mantenerse por sí mismos en una sociedad rígida y estratificada. Ciertamente la mayoría de estos ronin no suponían un gran peligro (6), pero había muchos que, si no encontraban trabajo como guardaespaldas o como protectores de ciudades, se limitaban a errar de pueblo en pueblo para ganarse la vida.

Tal fue el temor de los Tokugawa hacia estos sujetos (que con acostumbrada frecuencia eran guerreros resentidos de sus antiguos amos y de los enemigos de éstos), que existían planes específicos  para mantenerlos bajo estrecha vigilancia. Pero las cosas no eran tan sencillas; durante el siglo XVIII proliferaron los ataques de grupos organizados, que cada vez eran más difíciles de controlar. En el año 1638, un levantamiento provocado por los campesinos de Arima y Amakusa y alentado por un considerable número de estos guerreros errantes supuso una de las más graves crisis del Shogunado. Esta insurrección (conocida como Rebelión de Shimabara) precisó para su aplastamiento de 50.00 fuerzas leales al Gobierno (bakufu) y de la intervención de varios buques de guerra holandeses.

Con estos antecedentes, la restauración Meiji tuvo que tomar decisiones drásticas. En el año 1876 se aprobó un Edicto Imperial (Hito-rei), por el cual se prohibía el uso de espadas a todo guerrero, limitando su uso a las fuerzas policiales y militares autorizadas. Esta decisión supuso un golpe mortal a la industria de la fabricación de espadas en el país y la prueba irrefutable que la vieja sociedad medieval debía desaparecer. No obstante, y pese a la conmoción inicial de la norma, la fabricación de espadas no podía quedar relegada al olvido. En el año 1906 el Emperador nombró a dos renombrados maestros espaderos como Artesanos Imperiales con el objeto de asegurar la pervivencia de la tecnología tradicional en la fabricación y forjado de espadas. Se trató de un detalle meramente folclórico, puesto que la industria espadera se vio desmantelada en su mayor parte (cuando no se vio obligada a reconvertirse para la forja civil).

Pese a las notables restricciones impuestas desde la restauración Meiji, la espada seguía constituyendo un símbolo para todos los japoneses (no olvidemos que uno de los emblemas imperiales, junto con el espejo y las perlas, es precisamente una espada). Se habla así de la Etapa de las espadas modernas o contemporáneas (Gendai-Kindai) que se extiende desde el año 1886 hasta el infausto 1945. Precisamente con ocasión de la II Guerra Mundial la fabricación de espadas recobró parte de su antiguo esplendor. Alentados por el Emperador Hiro-Hito, los japoneses se adentraron en una política expansiva por Corea, Manchuria y las islas del Pacífico y que supuso el mayor despliegue militar desde la guerra ruso-japonesa. Esto conllevó una militarización de la sociedad y, por ende, un resurgimiento de la espada como arma de guerra.

Sin embargo, los tiempos que corrían no aconsejaban recuperar las técnicas medievales de lucha. La guerra moderna exigía de portaaviones, de una incipiente industria bélica y la adopción de una economía de guerra. En lo que se refiere a las armas blancas, cabe destacar las siguientes características principales de la época:

1) La fabricación se realiza mediante técnicas de producción industrial o en masa, de forma que técnicamente no son espadas tradicionales japonesas, puesto que hechas a máquina (showato) pierden todo su sentido como objetos artísticos o artesanales). De manera pareja, la calidad de las hojas deja mucho que desear, habida cuenta del interés por proveer rápidamente y al menor coste posible a todo el ejército imperial japonés. Las únicas excepciones se encuentran en algunos santuarios en los que algunos herreros mantienen una producción artesanal de espadas; el ejemplo más destacado es Minatogawa Jinja, establecido por la Armada Imperial Japonesa en 1941 para la producción de espadas conforme al estilo tradicional.

2) La producción de espadas queda bajo el control de un pequeño grupo de empresas, de modo que resulta fácil identificar el origen a partir de las marcas características de estas empresas (Shirakiya guntobu, Nakano Shoten, Suya Sho Ten o Sugimoto Tokenya).

3) Sólo  están autorizados a portar espada los miembros del ejército. El ejército regular adopta el modelo denominado shin-gunto, mientras que la armada se inclina por un modelo denominado kai-gunto. Se autoriza que otros cuerpos civiles, como los de la policía y otros cuerpos de altos funcionarios del Estado (oficiales forestales o ferroviarios) porten estilos propios no de espada, pero sí de hojas cortas y cuchillos corporativos.

4) Se consolidan los estilos occidentales (presentes en Japón desde principios del siglo XIX) en lo que a armas se refiere. Durante la guerra ruso-japonesa se recurrió a un modelo de espadas denominadas  kyu-gunto que, con algunas modificaciones, se mantuvieron en activo hasta la 2ª Guerra Mundial (como arma reglamentaria durante la ocupación colonial de Manchuria y Corea). También se consolida la tendencia a portar sables por los distintos cuerpos militares y civiles en los uniformes de gala (especialmente por el cuerpo diplomático y la policía montada).

El 6 de Agosto de 1945 supone el fin de la espada como arma decisiva en el curso de toda batalla. El principal objeto de la bomba atómica no era destruir Hiroshima, sino demostrar al mundo el inmenso poder destructivo que atesoraban los norteamericanos mediante el experimento Manhattan. ¿Qué puede hacer una simple espada, por muy bien forjada y templada que esté, frente a la fisión nuclear?. Una evidencia de tal calibre hacía innecesaria toda respuesta. Tras la rendición japonesa, comenzó un periodo de ocupación de las fuerzas aliadas en territorio japonés que necesariamente afectó a todos los aspectos de la cultura japonesa. Y las espadas no podían ser menos.

SITUACIÓN ACTUAL DE LA ESPADA JAPONESA

Inicialmente, las fuerzas de ocupación norteamericanas se encargaron de requisar y destruir un gran parte del arsenal japonés, lo cual incluía todo tipo de armas blancas. De igual modo, la fabricación de espadas y la práctica de las artes marciales asociadas al uso de las espadas fueron prohibidas como medida conducente a la desmilitarización y a la progresiva democratización del país. Resulta lógico que para reconciliar a la sociedad japonesa con el resto del mundo democrático se luchara contra tradiciones ultranacionalistas y militaristas, pero lo que ya no resulta plausible es el saqueo sistemático sin hacer distinción entre simples espadas y objetos con un valor histórico-artístico incalculable.
La prohibición no sufrió modificación alguna sino hasta algunos años más tarde, con ocasión en el año 1949 del aniversario de una ceremonia de ofrenda en el Gran Templo Ise (que tiene lugar cada 25 años y cuya rememoración se remonta 1000 años atrás). Para poder ejecutar el ceremonial se necesitaban 60 espadas, para lo cual se concedió un permiso extraordinario que permitía a los herreros más destacados* de todo el país el honor de recuperar su antiguo arte por tal solemne motivo. Es necesario destacar que las espadas ofrendadas al templo no eran katanas de hoja curva, sino las antiguas espadas chokuto (denominadas para esta ocasión kiriha-zukuri) de 80 a 96 centímetros de hoja.
Más tarde, una nueva ley de 1953 permitió que se reanudara la fabricación de espadas conforme a una estricta serie de reglas. A partir de este momento, las espadas forjadas por los maestros espaderos autorizados se engloban bajo la Etapa  Shinsaku (“de nueva producción”).

La fabricación de espadas quedaba regida por las siguientes normas:

1) Sólo un espadero debidamente acreditado y con la correspondiente licencia puede fabricar espadas japonesas, entendiéndose por tales cualquier instrumento cortante que conste de hoja (que supere los 19,8 centímetros), filo y un agujero para remachar en la empuñadura. La fabricación de hojas de longitud inferior (gogatana) no sigue esa limitación porque se consideran cuchillos. Pero para obtener la licencia es preciso servir como aprendiz de espadero con un maestro acreditado durante un período mínimo de 5 años.
2) Sólo existe autorización para fabricar como máximo dos espadas largas (toda hoja que supere los 61 cm.) o tres espadas cortas al mes (para hojas por debajo de 61 cm.). Esta limitación se estableció siguiendo las instrucciones del maestro Akihira Miyari, aunque ha quedado más que demostrado que se puede superar ampliamente el número mensual de espadas fabricadas con calidad).
3) Todas las espadas japonesas fabricadas deben ser registradas ante la Agencia correspondiente en el Ministerio de Asuntos Culturales.

De forma paralela, en 1960 surgió la Sociedad Japonesa para la preservación del arte de la Espada (Nihon Bijutsu Token Hozon Kyokai, en adelante NBTHK) con el objeto de salvar la tradición espadera del olvido y la destrucción. Sus funciones son muy variadas, incluyendo la operación de fundido del hierro (tatara) para obtener la materia prima (tamahagane) que sirva en la forja de la espada, la gestión del Museo de la Espada Japonesa en Tokio y la organización de competiciones anuales entre diferentes artesanos. La NBTHK hace también mucho hincapié en la comunicación entre los diferentes maestros y escuelas para impedir que se pierdan los secretos de su arte (tal y como desgraciadamente sucedió tras la II Guerra Mundial, en la que virtualmente se perdió la experiencia de una generación de herreros).

Las exhibiciones y competiciones, que comenzaron a desarrollarse con regularidad desde 1955, centran el eje central de la actividad espadera en Japón. En los círculos especializados se compara este periodo con el renacimiento de la espada japonesa que aconteció con el advenimiento de la etapa Shinshinto, puesto que ambos periodos se vieron precedidos por un declive en la forja de espadas y ambos supusieron una importante renovación en las técnicas de fabricación.

La situación actual es que alrededor de exhibiciones y demás eventos ha surgido un impresionante negocio que aglutina no sólo a los maestros y proveedores, sino también a admiradores y, como no, una legión de coleccionistas que tanto en Japón como en Occidente siguen con asiduidad estas actividades. Puesto que la espada ha perdido su razón de ser como arma de guerra (en su sentido práctico, que no simbólico), resulta mucho más interesante centrarse en su faceta artística y económica como instrumento difusor de la cultura nativa japonesa. A lo largo de todo el mundo las espadas japonesas son objeto de admiración,  aunque este culto de lugar a algunas contradicciones: pese a considerarse un objeto de coleccionismo, las características de una buena espada se asocian con sus propiedades para utilizarlas en batalla, y precisamente el examen de estos elementos sirve para determinar su valor artístico y económico.

* Los maestros seleccionados fueron Miyaguchi Toshihiro, Takahashi Sadatsugu and Miyari Akihira (estos dos últimos fueron nombrados por el emperador Aki Hito como “Tesoros Nacionales Vivientes”·), así como Ishi Akifusa, Nigara Kunitoshi, Endo Mitsuiki y Sakai Shigemasa.

NOTAS

(6) Piénsese que un samurai que se convertía en comerciante (za) adquiría la condición de ronin. De forma paralela, los samurai de clase más alta encontraron fácil acomodo entre los diferentes clanes supervivientes de la Era Edo.

(7) Como ejemplo de la importancia que las espadas cobran para los japoneses, baste indicar que el Ministerio de Educación clasifica las grandes espadas antiguas en juyo bijutsu hin (objeto artístico de importancia), juyo bunkazai (bien de importancia cultural) o kokuho (tesoro nacional). Ninguna espada así catalogada puede abandonar el Japón bajo ninguna circunstancia.

 

Extraido de Bushi Dojo